El hombre y el juego Fútbol
El juego siempre ha estado presente a través de la historia de la humanidad, desde niños una de las primeras formas de socializar con el entorno es a través del juego, nos acercamos a otros, sentimos nuestras primeras frustraciones, nuestras primeras fascinaciones en este arte de ganar o perder.
En el trascurso del tiempo vital, el juego va perdiendo valor, va tomando un significado de irresponsabilidad, de banalidad, de algo sin importancia, de una actividad que se realiza cuando el tiempo sobra o cuando la situación no amerita encararse seriamente.
Pues bien, el Fútbol no corre mejor suerte en el ámbito de la descripción, si bien es un deporte colectivo que nos acompaña a muchos desde la infancia en cuanto a nuestras primeras formas se socialización con el entorno y además es un deporte que mueve millones de pesos y espectadores semana a semana en el ámbito de la profesionalidad. Con el paso del tiempo el Fútbol se convierte en una actividad menospreciada por intelectuales. “En 1880, en Londres, Rudyard Kipling (Nobel de literatura 1907) se burló del fútbol y de las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan. Un siglo después, en Buenos Aires, Jorge Luis Borges fue más que sutil: dictó una conferencias sobre le tema de la inmortalidad el mismo día, y a la misma hora, en la selección argentina estaba disputando su primer partido en el Mundial del 1978” (Galeano, E, 1995).
Aparte de los altos réditos económicos que deja para muchos poderes o mandamases del balónpie rentado, y la enajenación de masas provocadas por este juego-espectáculo, esta actividad, también es mirada como un deporte o acción recreativa de un fin de semana por gente mas alejada del ámbito del profesionalismo.
En este trabajo abordaremos el fútbol, llevándolo de la cancha o de la galería, al prisma filosófico. Abordaremos temas tales como: el futbol como suspensión de realidad, nos adentraremos en Callois y su clasificación de los juegos y extenderemos una teoría ampliada de los juegos, tras la visón del mismo Autor.
El futbol como suspensión de la cotidianidad.
Según Heidegger el juego, genera un efecto de suspensión de razón y realidad. La razón se suspende ya que, al entrar en un juego, lo cotidiano se vuelve secundario, el tiempo pareciera no existir, la realidad pareciera no importar, los debates de actualidad, pasan a un segundo plano, incluso al entrar en el juego, en el trascurso de este llega el momento en el que incluso la persona se olvida de si y lo único que importa es el juego, este personaje pasa a ser parte del juego, produciéndose así la suspensión de la realidad. En el Fútbol durante noventa minutos, la realidad queda ajena a lo que acontece en lo cotidiano.
Los niños, en el juego de fútbol o también llamado “pichanga”, entran en una especie de trace, fenómeno que ocurre no solo en los infantes, también en cualquier persona que a practicado la actividad. El trance se caracteriza, por abandonar ciertas condiciones externas y experimentar un estado de conciencia diferente.
Los partidos en el barrio o en la calle, no tienen tiempo de duración, pueden durar desde un corto tiempo a todo el día, desde el amanecer hasta que el sol se esconde.
En el fútbol profesional, la contienda dura solo noventa minutos, y en ese transcurso de tiempo, tanto para el jugador, como también para los espectadores, solo existe una realidad y esa realidad es el partido en si. No importa la situación política, no importa las noticias de actualidad, la farándula, la economía. En ese momento lo único que tiene valor e importancia, es la confrontación deportiva agonica.
Remarcando la idea de suspensión de la cotidianidad, en base a lo que denominamos fútbol, como deporte profesional reconocido en la mayoría de los países del mundo, se da el ejemplo de una final de la copa del mundo. Juegan Brasil versus Italia, máximos exponentes de fútbol y con una clara historia que los avala. En este partido, en ambos países que están en un enfrentamiento, los ciudadanos (no todos, si no más bien la mayoría de ellos), dejan sus quehaceres del diario vivir, suspendiendo reuniones, postergando salidas, citas románticas, la cámara de diputados entra en receso, entre otros, quedan fuera hasta un nuevo aviso, o cosas más cotidianas como dejar de cocinar. Se forma un ambiente de expectación y dedicación completa por poder ver aquel encuentro.
Comienza el partido, ambas hinchadas desde cualquier parte del planeta, mas los espectadores que están en el estadio, así como también las personas sin nación participante en la gesta deportiva, están desde sus casas, como si estuvieran en el estadio, su cuerpo esta frente a la televisión, sin embargo, su mente sus almas están en esa final. Todo deja de existir simplemente, miran el fútbol de una manera atrayente y apasionada, destacando la motivación y un animo que solo se manifiesta en estos noventa minutos que se juega la contienda, se forma un mundo aparte, de lo que ellos están mirando, a lo que realmente esta pasando, un mundo paralelo al presente que deja de lado todo acción del mundo real.
El Fútbol y su expresión de agon
Roger Callois, en el año 1986, en su libro “los juegos y los hombres”, realiza una clasificación de los diferentes tipos de juegos según su aspecto y esencia. Define así cuatro categorías fundamentales de clasificación: Agon, Alea, Mimicry e-Ilinx:
Agon. Todo un grupo de juegos aparece como competencia, es decir, como una lucha en que la igualdad de oportunidades se crea artificial¬mente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales, con posibilidad de dar un valor preciso e indiscutible al triunfo del vence¬dor. Por tanto, siempre se trata de una rivalidad en torno de una sola cualidad (rapidez, resistencia, vigor, memoria, habilidad, ingenio, etc.), que se ejerce dentro de límites definidos y sin ninguna ayuda exterior, de tal suerte que el ga¬nador aparezca como el mejor en cierta catego¬ría de proezas (Callois, 1986).
Alea : todos |os juegos basados en una decisión que no depende del jugador, sobre la cual no podría éste tener la menor influencia Mejor dicho, el destino es el único artífice de la victoria y, cuando existe rivalidad, ésta significa exclusivamente que el vencedor se ha visto más favorecido por la suerte que el vencido.
Mimicry. Todo juego supone la aceptación tem¬poral, si no de una ilusión. El juego puede consistir, no en desplegar una actividad o en soportar un destino en un medio imaginario, sino en ser uno mismo un per¬sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia
Y por último, Ilinx. Un último tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo, y consisten en un intento de destruir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso.
El fútbol, esta inmerso en la categoría de Alea, ya que se enfrentan dos oponentes en igualdad de condiciones (dos equipos compuesto por once jugadores cada uno, los que deberán introducir un balón en un arco rival).
Desde los inicios del fútbol, desde sus vestigios más arcaicos, el futbol se presenta como una competencia, incluso a veces brutal, como por ejemplo es un juego de balón realizado en el imperio maya el equipo perdedor, pagaba con su vida la derrota en la gesta deportiva.
El Agon siempre se trata de una rivalidad en torno de una sola cualidad (rapidez, resistencia, vigor, memoria, habilidad, ingenio, etc.), que se ejerce dentro de límites definidos y sin ninguna ayuda exterior, de tal suerte que el ga¬nador aparezca como el mejor en cierta catego¬ría de proezas. Esa es la regla de las competen¬cias deportivas y la razón de ser de sus múltiples subdivisiones, ya opongan a dos individuos o a dos equipos. La cualidad en el fútbol, tiene que ver con la conjunción de muchas habilidades (rapidez, destreza, habilidad, ingenio, entre otras), las que mancomunadas hacen que un equipo se alce con la victoria final y esta consiste en la hazaña de doblegar al oponente, introduciendo el balón en el arco rival. El fútbol, es un deporte colectivo, compuesto por once jugadores por equipo y un árbitro que se encarga de cumplir las reglas del deporte. Los equipos deben introducir el balón en un arco. Las medidas de la cancha son 120 metros de largo por 90 de ancho.
Estas reglas, parámetros y cantidad de jugadores varían en el fútbol amateur o por diversión, pero no cambia el objetivo de la gesta, doblegar al rival introduciendo el balón en el arco contrario, a esto lo llamaremos Gol.
“La práctica del agon supone por ello una atención sostenida, un entrenamien¬to apropiado, esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. Implica disciplina y perseverancia. Deja al competidor solo con sus recursos, lo in¬vita a sacar de ellos el mejor partido posible, lo obliga en fin a usarlos lealmente y dentro de los límites determinados que, siendo iguales para todos, conducen sin embargo a hacer indiscuti¬ble la superioridad del vencedor”.(Callois, 1986)
El fútbol y su expresión de Mimicry
Mimicry. Todo juego que supone la aceptación tem¬poral, si no de una ilusión (aunque esta última palabra no signifique otra cosa que entrada en juego: in-lusio), cuando menos de un universo cerrado, convencional y, en ciertos aspectos, fic¬ticio. El juego puede consistir, no en desplegar una actividad o en soportar un destino en un medio imaginario, sino en ser uno mismo un per¬sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. Nos encontramos entonces frente a una serie variada de manifestaciones que tienen como ca¬racterística común apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer, a hacerse creer o a hacer creer a los demás que es distinto de sí mismo. El sujeto olvida, disfraza, despoja pasajeramente su personalidad para fingir otra. (Callois, 1986).
Cada hombre de fútbol de domingo en cancha de tierra, con zapatos gastados, juega a creer, juega a creer que esta en la mejor liga del mundo, que será el próximo nominado a la selección, que su gol aparece en los noticiarios de todos los canales este domingo.
Cada hincha o fanático o simplemente simpatizante, mientras mira la televisión o esta en la galería del estadio, imagina que esta dentro del campo de juego y le grita a su jugador donde dar el pase, que hacer con el balón, incluso de pie en el living de su casa, realiza el perfecto gesto técnico de cómo lanzar de mejor manera y dotado de hermosura un tiro libre al ángulo del rival.
En estas acciones el hombre, se olvida quien es, de su profesión, de donde esta en ese momento y pasa a ser otro, para a ser otro ser, el sueño toma posesión de él, la virtud de ser el mejor del mundo en aquel deporte se apoderan de su instante presente. Pasaran los noventa minutos y el hombre ya mas sereno volverá a ser quien es, seguramente el estudiante preparara la mochila para el día lunes y seguirá imaginando como aquel golpe de cabeza al balón no fue a dar al fondo del arco.
El mimicry basa su concepto en el mimetismo, en la transformación del sujeto a convertirse en otro. Este proceso, ocurre lenta y previamente antes del cotejo, sobretodo en el hincha del fútbol en aquel fanático que se disfraza en torno a su tribu (equipo de fútbol). Pinta su rostro con sus colores, se disfraza con el atuendo sagrado para la ocasión (camiseta y bandera incluida), empieza una transformación de carácter psicológico, crea cantos, rituales, cabalas, ceremonias, bandas, entre otras acciones, para salir al templo sagrado llamado estadio o cancha de fútbol, incluso aquel fanático que mira el partido por televisión o escucha como antaño el partido por radio, él esta mimetizado, en cuerpo y alma en otra persona, el ritual lo ha vuelto otro que no es la misma persona que encontraremos a diario en el trabajo o la esquina del barrio. El ritual previo de convertirse en hincha, de convertirse en parte de la tribu fútbol, es el camino mágico alumbrado por estrellas y sueños de victoria a la transformación de la persona en otro, mientras dura el juego.
Teoría ampliada
La teoría ampliada de Callois, confiere la unión o rechazo de dos unidades estructurales del juego, estas se pueden complementar o rechazar, aquí veremos como se relacionan las anteriormente estudiadas en profundidad en el caso del fútbol ( agon y mimmicry).
LAS ACTITUDES elementales que rigen los juegos —competencia, suerte, simulacro, vértigo— no siempre se encuentran aisladas. En repetidas ocasiones se ha podido comprobar que eran ap¬tas para conjugar sus seducciones. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso¬ciación. Sin embargo, aún falta que principios tan marcados concuerden indistintamente. To¬mándolas sólo de dos en dos, las cuatro actitu¬des fundamentales permiten en teoría seis con¬junciones posibles y sólo seis. Una a una, cada cual se conjuga con una de las otras tres. (Callois, 1986).
Competencia-simulacro (agon-mimicry);
Una combinación análoga existe entre el agon v la mimicry Ya antes he tenido la ocasión de subrayarlo: toda competencia es en sí un espectáculo. Se desarrolla según reglas idénticas y en la misma espera del desenlace. Pide la pre¬sencia de un público que se precipita a las ta¬quillas del estadio o del velódromo, como lo hace a las del teatro o del cine.
Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. Su lucha tiene peripecias que corresponden a los distintos actos o a los epi¬sodios de un drama. En fin, éste es el momen¬to de recordar hasta qué grado son personajes intercambiables el campeón y la estrella. Una vez más, hay aquí una combinación de dos ten¬dencias, pues la mimicry no sólo no es nociva para el principio del agon, sino que lo refuerza por la necesidad en que está cada competidor de no defraudar a un público que lo aclama y lo domina a la vez. Se siente en una represen¬tación, está obligado a jugar lo mejor posible, es decir, por un lado con perfecta corrección y, por el otro, esforzándose al máximo por obtener la victoria (Callois, 1986).
En el deporte llamado futbol el asistente es conocido como hincha, el origen de la palabra se remonta a principios del siglo XX, a la republica del Uruguay, donde cuenta la leyenda, existía un talabartero, es decir un hombre encargado de inflar o hinchar los balones para el juego y este personaje de nombre prudencio miguel reyes, arengaba con tal devoción a los jugadores de su club que sobresalía por el resto, desde ese momento cuenta la leyenda que se empezó a mencionar la frase: “mira como grita el hincha”.
Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música (Galeano, E. 1985).
El fanático es el hincha en el manicomio, El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar. En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla. (Galeano, E. 1995).
A los anteriores estados de efervescencia, sumados a los once jugadores en el campo de juego, encontramos una amalgama especial, una amalgama, que sumada es mas que por si sola. Al hincha no se le puede decepcionar, él exige la vida por sus colores, que los jugadores entreguen lo mejor de si en el campo de juego y ellos lo saben, semana tras semana se juegan el destino en cada jugada, en cada partido. El aliento desde las tribunas muchas veces los puede levantar o simplemente destrozar.
“Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval” (Galeano, E 1995).
El resultado, será una anécdota, el hincha volverá el próximo domingo a envestirse de los ropajes que lo convierte en protagonista, mientras que los gladiadores, se prepararan toda la semana para el siguiente combate. Agon y mimicrix se prepararan por separado, para la siguiente contienda, el hincha imaginara el partido, y los jugadores prepararan su estrategia, todos se volverán a encontrar el próximo fin de semana.
Para finalizar quisiéramos compartir un cuento de Eduardo Galeano, de su libro el Fútbol a sol y sombra escrito en el año 1985. Quien refleja de muy Buena forma que el es futbol:
“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable. A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rajo, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez. El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía. Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad”.
lunes, 25 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
AntiPsiquiatría
La teoría de la enfermedad mental es científicamente imprecisa y su estatuto esta aún por definirse. La psiquiatría como institución represora es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida. Al negar la validez científica de la teoría de la enfermedad no se esta negando la realidad de las enfermedades neurológicas, la locura, el crimen, el consumo de drogas y los conflictos sociales.
El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad histórica pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuado, y moral y políticamente dañino por las razones que veremos en este artículo.
En 1961, Thomas Szasz, médico psiquiatra, psicoanalista y actualmente Profesor Emérito de la Universidad del Estado de New York, publicó “El mito de la enfermedad mental”, que inició un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es un órgano anatómico como el corazón o el hígado; por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella. Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.
Por consiguiente, las intervenciones psiquiátricas deben ser definidas con claridad como voluntarias o involuntarias. En las voluntarias, la persona busca la ayuda del profesional movida por sus problemas. Típicamente, el individuo es un beneficiario de la intervención del psiquiatra. En las involuntarias, la sociedad impone la intervención. Típicamente, el individuo es una víctima de la acción del psiquiatra, en tanto que la sociedad(la familia) es la beneficiaria. La psiquiatría involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida.
El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad histórica pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuado, y moral y políticamente dañino por las razones que veremos en este artículo.
En 1961, Thomas Szasz, médico psiquiatra, psicoanalista y actualmente Profesor Emérito de la Universidad del Estado de New York, publicó “El mito de la enfermedad mental”, que inició un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es un órgano anatómico como el corazón o el hígado; por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad. Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella. Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.
Por consiguiente, las intervenciones psiquiátricas deben ser definidas con claridad como voluntarias o involuntarias. En las voluntarias, la persona busca la ayuda del profesional movida por sus problemas. Típicamente, el individuo es un beneficiario de la intervención del psiquiatra. En las involuntarias, la sociedad impone la intervención. Típicamente, el individuo es una víctima de la acción del psiquiatra, en tanto que la sociedad(la familia) es la beneficiaria. La psiquiatría involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida.
miércoles, 20 de julio de 2011
El hincha
A unas horas de la presentación de nuestra propuesta del fútbol como juego de agon, algo de mimicry... el que entiende entendiende jajaja.
de paso un abrazo para mis amigos y cada dia mas hermanos alvaro y alexis. que las proximas filosofadas sean mas largas y cada hora sean mas de 4 lineas, noves vemos hermanos.. aguante el semestre se acaba y mañana ganamos por goleada.
"Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval".
de paso un abrazo para mis amigos y cada dia mas hermanos alvaro y alexis. que las proximas filosofadas sean mas largas y cada hora sean mas de 4 lineas, noves vemos hermanos.. aguante el semestre se acaba y mañana ganamos por goleada.
"Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval".
miércoles, 8 de junio de 2011
El diagnóstico y la terapéutica ( Edo. Galeano)
El amor es una enfermedad de las más jodidas y con-
tagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hon-
das ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados
noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres
devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de
decir estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito
de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la
sopa o en el trago. Se puede provocar, pero no se puede
impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el
polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada.
El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las bru-
jas. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni
pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas prego-
nen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y
todo
tagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hon-
das ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados
noche tras noche por los abrazos, y padecemos fiebres
devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de
decir estupideces.
El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito
de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la
sopa o en el trago. Se puede provocar, pero no se puede
impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el
polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada.
El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las bru-
jas. No hay decreto del gobierno que pueda con él, ni
pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas prego-
nen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y
todo
viernes, 3 de junio de 2011
La revolución empieza por uno
No intentes ayudar a nadie sin antes experimentarlo tú mismo, porque los confundirás aún más. Ya están confundidos. El bagaje de los siglos ha confundido a todo el mundo. Y sería muy amable por tu parte no ayudar, porque puede ser arriesgado; tu ayuda podría poner a la otra persona en un serio peligro.
Antes debes haber hecho el camino y saber perfectamente adónde conduce, solo entonces podrás tomarlos de la mano y enseñarles el camino.
En este mundo es muy difícil comunicarse. Debes aprender a comunicar tus experiencias para que llegue a los demás exactamente lo que quieres decir; de lo contrario, quizá estés pensando que estás compartiendo néctar y, sin embargo, estés introduciendo veneno en las vidas de los demás. ¡Ya están bastante envenenados!
Antes es mejor que te limpies y que tus ojos estén más transparentes para poder ver con más claridad. Quizá —y aun así, solo quizá— seas capaz de ayudar a los demás. La intención es buena, pero el bien no ocurre solo porque haya buenas intenciones.
Hay un antiguo refrán que dice que el camino hacia el infierno está hecho de buenas intenciones. Hay millones de personas que intentan ayudar con muy buena intención, dando consejos a los demás y sin preocuparse de seguir ellos mismos sus propios consejos. Es tan grande la felicidad de dar consejos que ¿a quién le importa que yo los siga?
La felicidad de dar consejos a los demás es una felicidad muy sutil y egoísta. La persona a la que aconsejas se convierte en un ignorante y tú eres quien sabe. El consejo es lo único que todo el mundo da pero nadie sigue; y es mejor que así sea, porque quienes los dan no saben nada, aunque no vayan con malas intenciones.
Recuerda, si quieres cambiar el mundo tienes que cambiarte primero a ti mismo; esta es la naturaleza de las cosas. La revolución empieza por uno mismo. Solo así podrás irradiarla a los corazones de los demás. Primero, debes comenzar el baile y entonces verás el milagro: los demás también empezarán a bailar. El baile es contagioso, el amor también lo es, y la gratitud, y la religiosidad, y la rebelión; todos son contagiosos. Pero antes tienes que encender la llama que quieres ver en los ojos de los demás
Antes debes haber hecho el camino y saber perfectamente adónde conduce, solo entonces podrás tomarlos de la mano y enseñarles el camino.
En este mundo es muy difícil comunicarse. Debes aprender a comunicar tus experiencias para que llegue a los demás exactamente lo que quieres decir; de lo contrario, quizá estés pensando que estás compartiendo néctar y, sin embargo, estés introduciendo veneno en las vidas de los demás. ¡Ya están bastante envenenados!
Antes es mejor que te limpies y que tus ojos estén más transparentes para poder ver con más claridad. Quizá —y aun así, solo quizá— seas capaz de ayudar a los demás. La intención es buena, pero el bien no ocurre solo porque haya buenas intenciones.
Hay un antiguo refrán que dice que el camino hacia el infierno está hecho de buenas intenciones. Hay millones de personas que intentan ayudar con muy buena intención, dando consejos a los demás y sin preocuparse de seguir ellos mismos sus propios consejos. Es tan grande la felicidad de dar consejos que ¿a quién le importa que yo los siga?
La felicidad de dar consejos a los demás es una felicidad muy sutil y egoísta. La persona a la que aconsejas se convierte en un ignorante y tú eres quien sabe. El consejo es lo único que todo el mundo da pero nadie sigue; y es mejor que así sea, porque quienes los dan no saben nada, aunque no vayan con malas intenciones.
Recuerda, si quieres cambiar el mundo tienes que cambiarte primero a ti mismo; esta es la naturaleza de las cosas. La revolución empieza por uno mismo. Solo así podrás irradiarla a los corazones de los demás. Primero, debes comenzar el baile y entonces verás el milagro: los demás también empezarán a bailar. El baile es contagioso, el amor también lo es, y la gratitud, y la religiosidad, y la rebelión; todos son contagiosos. Pero antes tienes que encender la llama que quieres ver en los ojos de los demás
viernes, 27 de mayo de 2011
La vida en titeres
jueves, 5 de mayo de 2011
Ahora es el unico tiempo
Esta época es básicamente la época más impaciente que ha sucedido nunca en esta Tierra. Todo el mundo es impaciente, todo el mundo está pendiente del tiempo, y todo el mundo quiere hacerlo todo inmediatamente. Pero con semejante consciencia del tiempo, es imposible. La gente viene a mí y dice que ha venido sólo a pasar un día. Al día siguiente se van a Sai Baba, y después de estar con él se irán a Rishikesh, y luego irán a alguna otra parte. Luego regresan frustrados y piensan que India no tiene nada que ofrecer. No es cuestión de si India puede dar algo o no; la cuestión es siempre si tú puedes recibirlo o no. Tienes tanta prisa y quieres algo inmediatamente. Al igual que en el café instantáneo, piensas en la meditación instantánea, el nirvana instantáneo. No es posible. El nirvana no puede ser empaquetado, no puede ser instantáneo. No es que sea imposible hacerlo instantáneo, puede serlo; pero sólo puede ser instantáneo con la mente que no anda en busca de lo instantáneo. Ese es el problema. Puede suceder inmediatamente, en este momento. No es necesario siquiera un momento. Pero sólo a alguien que está completamente relajado con respecto al tiempo puede sucederle instantáneamente.
Esto parece paradójico, pero es así. Si puedes esperar eternamente, no necesitarás esperar en absoluto. Pero si no puedes esperar ni un solo momento, tendrás que esperar eternamente. Tendrás que esperar, porque la mente que dice: «iQue suceda inmediatamente!», es una mente que ya se ha ido del momento. Está corriendo, no está en ninguna parte, está de acá para allá. Una mente que está de acá para allá, en movimiento, no puede ser inocente.
Puede que no seas consciente de ello, pero las personas inocentes nunca tienen consciencia del tiempo. El tiempo se prolonga pausadamente. No hay prisa por ir a ninguna parte; no están corriendo. Están disfrutando momento a momento. Están mascando cada momento. Y cada momento tiene su propio éxtasis que entregar. Pero tienes tanta prisa que no puedes entregarlo. Mientras tú estás aquí, tus manos están en el futuro, tu mente está en el futuro, te perderás este momento. Y esto siempre será así; siempre te perderás el ahora. ¡Y ahora es el único tiempo! El futuro es falso, el pasado es sólo un recuerdo. El pasado ya no existe, el futuro está aún por llegar... y lo único que sucede es el ahora. Ahora es el único tiempo.
De modo que si estás dispuesto a ir un poco más despacio, a ser menos calculador, a jugar como los niños, aquí y ahora, entonces estas técnicas sencillas pueden hacer milagros. Pero este siglo es demasiado consciente del tiempo. Por eso preguntas: Parece que necesitamos técnicas para llegar a estas técnicas. No. Éstas son técnicas; no resultados finales. Parecen resultados finales porque no puedes concebir cómo pueden funcionar. Pueden funcionar en una mente específica; no pueden funcionar en otros tipos de mente. Y, en realidad, los que saben dicen que al final todas las técnicas te llevarán a la inocencia en la que sucede el fenómeno. Cuando suceda el fenómeno, será porque las técnicas te habrán llevado a esa inocencia..., si hay inocencia
Esto parece paradójico, pero es así. Si puedes esperar eternamente, no necesitarás esperar en absoluto. Pero si no puedes esperar ni un solo momento, tendrás que esperar eternamente. Tendrás que esperar, porque la mente que dice: «iQue suceda inmediatamente!», es una mente que ya se ha ido del momento. Está corriendo, no está en ninguna parte, está de acá para allá. Una mente que está de acá para allá, en movimiento, no puede ser inocente.
Puede que no seas consciente de ello, pero las personas inocentes nunca tienen consciencia del tiempo. El tiempo se prolonga pausadamente. No hay prisa por ir a ninguna parte; no están corriendo. Están disfrutando momento a momento. Están mascando cada momento. Y cada momento tiene su propio éxtasis que entregar. Pero tienes tanta prisa que no puedes entregarlo. Mientras tú estás aquí, tus manos están en el futuro, tu mente está en el futuro, te perderás este momento. Y esto siempre será así; siempre te perderás el ahora. ¡Y ahora es el único tiempo! El futuro es falso, el pasado es sólo un recuerdo. El pasado ya no existe, el futuro está aún por llegar... y lo único que sucede es el ahora. Ahora es el único tiempo.
De modo que si estás dispuesto a ir un poco más despacio, a ser menos calculador, a jugar como los niños, aquí y ahora, entonces estas técnicas sencillas pueden hacer milagros. Pero este siglo es demasiado consciente del tiempo. Por eso preguntas: Parece que necesitamos técnicas para llegar a estas técnicas. No. Éstas son técnicas; no resultados finales. Parecen resultados finales porque no puedes concebir cómo pueden funcionar. Pueden funcionar en una mente específica; no pueden funcionar en otros tipos de mente. Y, en realidad, los que saben dicen que al final todas las técnicas te llevarán a la inocencia en la que sucede el fenómeno. Cuando suceda el fenómeno, será porque las técnicas te habrán llevado a esa inocencia..., si hay inocencia
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